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18 de marzo de 2014
13 de enero de 2014
16 de noviembre de 2013
CUARENTA Y TRES DE CINCUENTA Y DOS
Una de las épocas del año que más me gustan es el otoño. Aún no hace demasiado frío y los días son relativamente largos. Para los que nos gusta la fotografía, los colores del otoño son realmente especiales. Van desde los amarillos hasta los marrones, pasando por los ocres, naranjas y rojos. Un auténtico espectáculo para los sentidos.
Mis hijos no entienden de fotografía (aun), ni del color y temperatura de la luz dependiendo de la época del año, pero si saben lo que les gusta y lo que no, faltaría más, y ellos también son fans del otoño. Así que siempre que podemos, cojemos la mochila y nos vamos a dar una vuelta por el bosque en busca de hojas y frutos con los que luego hacer alguna manualidad.
Normalmente los paseos son a pie...
... aunque también los hay sobre ruedas.
El invierno está a la vuelta de la esquina, así que a disfrutar de todo lo que nos ofrece el OTOÑO.
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11 de septiembre de 2013
18 de agosto de 2013
30 de junio de 2013
VEINTICUATRO DE CINCUENTA Y DOS
Creo que ya he comentado más veces la "suerte" que tenemos con que Izan y Candela coman de todo. Muchas veces oigo a otras mamas quejarse de que la hora de la comida es una pelea diaria y es cuando me digo -uffff por lo menos en casa, esa es una batalla ganada-, y no porque sean niños que siempre se coman todo lo del plato, sino porque no les obligamos a comer. Ellos mismos son los que deciden cuando están llenos y ya no les entra nada más.
Esta es la forma que tenemos de ver la hora de la comida. No queríamos que nuestros hijos llorasen frente a un plato de comida si en realidad no se lo quieren comer. Poco a poco hemos ido introduciendo nuevos alimentos, sin obligar, sólo sugiriendo. No se si a todos los papas les funcionaría esta forma de ver la hora de la comida, el caso es que a nosotros si y gracias a ella seguro que nos hemos evitado un montón de disgustos y peleas que no llevarían a ninguna parte.
Antes he dicho que son niños que comen de todo, y no es del todo cierto. Los guisantes aun se nos resisten, pero poco a poco seguro que se hacen amigos. El sábado fue una buena ocasión para ir rompiendo barreras. La abuela necesitaba ayuda para recoger unas vainas de guisantes y enseguida aparecieron dos pequeños voluntarios.
Esta es la forma que tenemos de ver la hora de la comida. No queríamos que nuestros hijos llorasen frente a un plato de comida si en realidad no se lo quieren comer. Poco a poco hemos ido introduciendo nuevos alimentos, sin obligar, sólo sugiriendo. No se si a todos los papas les funcionaría esta forma de ver la hora de la comida, el caso es que a nosotros si y gracias a ella seguro que nos hemos evitado un montón de disgustos y peleas que no llevarían a ninguna parte.
Antes he dicho que son niños que comen de todo, y no es del todo cierto. Los guisantes aun se nos resisten, pero poco a poco seguro que se hacen amigos. El sábado fue una buena ocasión para ir rompiendo barreras. La abuela necesitaba ayuda para recoger unas vainas de guisantes y enseguida aparecieron dos pequeños voluntarios.
No se si la próxima vez que haya guisantes rebañarán el plato, pero de lo que no tengo ninguna duda es que por lo menos, los verán con otros ojos.
13 de junio de 2013
VEINTIDOS DE CINCUENTA Y DOS con Izan
Muchas veces os he hablado de lo afortunados que son Izan y Candela de poder disfrutar de un lugar donde jugar rodeados de montañas, respirando aire puro y con un montón de cosas con las que aprender y disfrutar jugando.
Nos encanta dar paseos por caminos empedrados, sin horarios y viendo como a cada paso hay algo por lo que pararse. Desde coger flores, hasta buscar fósiles con papá.
Nos encanta dar paseos por caminos empedrados, sin horarios y viendo como a cada paso hay algo por lo que pararse. Desde coger flores, hasta buscar fósiles con papá.
Y es que los paseos como estos cargan 100% nuestras pilas para afrontar la semana.
17 de marzo de 2013
DIEZ DE CINCUENTA Y DOS
Cuando en casa nos levantamos un sábado por la mañana y decimos que vamos a pasar el fin de semana a Sorriba, el desayuno ya se convierte en una fiesta y todo son prisas por vestirse y llegar. Y es que no es para menos porque allí lo pasan genial. Esa sensación de respirar aire puro y de saber que casi cualquier cosa es buena para jugar no tiene precio. El sábado dio para mucho y sino comprobarlo vosotros mismos:
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